Sobre En el camino

En el Camino es un proyecto sin prisas. Un periodismo pausado donde no han existido plazos y eso se nota. Describe la inmigración desde dentro a través del seguimiento durante un año a hombres y mujeres que se juegan la vida cruzando Centroamérica para llegar a Estados Unidos. Un infierno de 5000 kilómetros plagado de asaltos, secuestros y violaciones a manos del crimen organizado y autoridades corruptas por el que pasan al año, al menos, 500.000 personas. A través de un libro de fotografía, otro de relatos, y un documental, este proyecto aporta una visión integral de todos los que están envueltos en ese viaje de sueños truncados lleno de corrupción y abusos pero también de solidaridad, como la de los campesinos que acogen a los inmigrantes o la del colectivo de La Patrona, esas mujeres que lanzan comida a los trenes para ayudarles a sobrellevar el largo viaje.

Sus autores reconocen que ni ellos mismos sabían dónde se estaban metiendo cuando comenzaron a investigar en octubre de 2008. “Al principio pensábamos que íbamos a cubrir el tránsito de inmigrantes entre un punto A y un punto B, pero según pasaban los días nos dimos cuenta que el problema rebasaba las expectativas que teníamos. Nos enfrentábamos a los Zetas, un grupo del crimen organizado transnacional con una capacidad de corrupción increíble que había convertido el secuestro de inmigrantes en un negocio“, asegura Óscar Martínez, periodista autor del libro de relatos Los inmigrantes que no importan (editorial Icaria). Un negocio en el que las mujeres secuestradas son obligadas a prostituirse y marcadas con un tatuaje de su organización, como si fueran ganado, para que nadie más pueda usarlas. Un negocio en el que el crimen organizado se convierte en Estado, con el respaldo de la corrupción institucional. Y un negocio en el que no hay espacio para el inmigrante sin recursos.

“El protocolo habitual es dividir a los inmigrantes cuando son secuestrados” cuenta Edu Ponces, uno de los tres fotógrafos de Ruido Photo que ha participado en el proyecto y publicado En El Camino (Blume editorial). “Los que tienen familia en Estados Unidos y se puede contactar con ella para pedir el rescate son enviados a la sala uno, los que tienen familia en EEUU pero todavía no se ha podido contactar van a la sala dos. La sala tres es para quienes no tienen familia en EEUU y no pueden pagar. No sabíamos qué pasaba con ellos”. Lo supieron a través del relato de Irma y Janeth, dos mujeres secuestradas por los Zetas obligadas a trabajar como prostituta y cocinera durante cuatro meses. Su testimonio aparece en el documental María en tierra de nadie, la tercera parte del proyecto. En él cuentan cómo los cuerpos de los inmigrantes que no pueden afrontar el pago del rescate son descuartizados, rociados con gasolina y quemados. Fin del camino.

Inmigrantes En el Camino

En este contexto se entrelazan demasiados hilos, pero “intentamos dimensionar la tragedia, diferenciar lo horrible de lo horrible”, asegura Edu Ponces. Es fácil que las pequeñas historias se difuminen dentro de la gran historia. Pero en el proyecto no faltan rostros como el de Jaime, de 37 años, a quien “mordió” la bestia (así llaman al tren). El hondureño se cayó del tren de carga en el que viajaba como polizón y perdió la pierna derecha. Jaime estuvo dos años en Estados Unidos. Había vuelto a Honduras cuando un huracán arrasó con todo lo que tenía y decidió regresar a probar suerte en el sueño americano. No puedo ser.

Jaime, Irma o Janeth son sólo algunos, pero la Comisión Nacional de DDHH de México habla de 10.000 inmigrantes secuestrados en seis meses. Ninguno ha denunciado. Cifras que deberían ser un foco de atención constante. Sin embargo, poco o nada se habla de la inmigración centroamericana. Una de las pocas excepciones fue cuando se encontraron los 72 inmigrantes asesinados en Tamaulipas. “Siempre nos soprendió que siendo un problema masivo, nadie lo estuviera cubriendo. Cuando mataron a los 72 nos llamó todo el mundo. Nos entrevistaron todos los medios importantes porque no tenían nada de material. Hoy nadie habla de ello. Hubo un impulso, después nada”, relata Edu Ponces.

No es fácil hacer este periodismo porque los medios de comunicación no están dispuestos a asumir un año de gastos sin resultados inmediatos pero para eso, dicen, se han abierto nuevos frentes. “Antes para ser buen periodista tenías que ser buen negociador con tu editor del perioódico. Ahora para tienes que ser buen pedidor de pasta pero al menos hay una vía. Dejar de depender de anunciantes y depender de dinero como las agencias de cooperación tiene sus peligros pero también sus ventajas y a nosotros nadie nos ha dicho absolutamente nada sobre el contenido de lo que hacemos. Eso hoy, en periodismo, no es que sea un lujo, es un milagro”. Ese milagro lo conocemos a través de periodismohumano en este Especial.